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Hepatitis


Se denomina hepatitis a la inflamación difusa de la glándula hepática, lo que produce lesiones destrictivas de los hepatocitos, asociadas a un proceso exudativo.

Cuando la inflamación regresa, todas las células hepáticas destruidas se reabsorben y se sustituyen por nuevas células regeneradoras, al tiempo que la exudación y las células inflamatorias desaparecen poco a poco.
Este cuadro de lesiones no tiene nada de específico, o sea, la glándula hepática reacciona de la misma forma ante numerosos agentes agresivos, entre los cuales deben destacarse: los tóxicos (químicos o biológicos), que dan lugar hepatitis tóxicas (industrial, accidental, suicida o terapéutica); los agentes infecciosos no víricos, que dan lugar a una hepatitis infecciosa accidental (neumonía, sífilis, paludismo, amebiasis, fiebre recurrente, etcétera); y, finalmente, los virus (que producen mononucleosis infecciosa, fiebre, amarilla, hepatitis epidémica y por suero homólogo).

Sea cual sea la causa que provoca la hepatitis, las manifestaciones clínicas suelen ser siempre las mismas, aunque la gravedad del curso de la lesión hepática varía según el agente agresivo.
La hepatitis epidémica o por suero homólogo es la que con más frecuencia se da en la práctica clínica.
La mayoría de ellas tiene un origen común, siendo el responsable un virus filtrable; las hepatitis virales se clasifican en dos grandes grupos: hepatitis epidémica, provocada por el que se viene denominando virus A o YH; y hepatitis por suero homólogo, producida por el denominado B o SH.
En ambas hepatitis, el cuadro clínico y las lesiones histológicas son idénticos, si bien el virus YH se transmite siempre por vía oral, y el período de incubación dura de dos a cuatro semanas, mientras que el virus SH se transmite por inoculación de sangre o productos de la misma con jeringuilla, y su período de incubación oscila entre 10 y 20 semanas.

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Las hepatitis virales se manifiestan casi siempre por un cuadro de falsa gripe (seudogripal), caracterizado por un gran decaimiento y lasitud, falta de apetito, quebrantamiento general asociado a dolores articulares e incluso dolor de cabeza más o menos intenso. La fiebre oscila, y pocas veces pasa de 39º. Puede darse un ligero dolor en la zona hepática, siendo muy raro, en cambio, el que se presente dolor vivo de cólico hepático.
Este cuadro seudo gripal dura alrededor de 8 a 10 días, al cabo de los cuales la orina se oscurece hasta adquirir el tono del coñac.
A continuación aparece una ictericia, que se inicia en los ojos para ir cubriendo poco a poco todo el cuerpo. Durante una, dos o tres semanas, el color de la ictericia se intensifica para ir después remitiendo lentamente durante una o dos semanas.

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Cualquiera que sea la etiología de una hepatitis, el tratamiento siempre es el mismo. La base principal es el reposo absoluto en cama.
Este debe durar, como mínimo, hasta que los análisis de laboratorio demuestren que la bilirrubina de la sangre ha vuelto a su normalidad.
Muchos casos que han evolucionado hacia la cronicidad o malignidad secundariamente, se deben a una interrupción del reposo corporal. La segunda base de un buen tratamiento es la alimentación abundante, compuesta principalmente de hidro-carbonados, verduras y frutas, asociándole un mínimo proteico de alrededor de 2 g diarios por kilogramo de peso corporal.
Debe excluirse del régimen alimenticio todo tipo de excitantes, salsas, mostaza y bebidas alcohólicas. Como tratamiento de fondo, el enfermo debe tomar un suplemento vitamínico, principalmente del complejo B, asociado a vitamina C.

Fecha de publicación 2008-02-21 15:31:00.

Actualizado el 04-12-2017 08:59:57
Por Neipol

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