Este es un problema frecuente en la práctica deportiva, especialmente en los niños y durante los meses de verano. El fenómeno se produce por una disminución de la presión arterial, por pérdida de líquidos y sales del organismo a un ritmo mayor que el de la reposición.
También contribuye a esta situación el efecto que tiene el calor sobre los vasos sanguíneos, los que al dilatarse producen un descenso brusco de la presión arterial.
Al saber cómo se produce, estamos en condiciones de tomar ciertos recaudos: evitar jugar durante mucho tiempo sin reponer los líquidos que se van perdiendo; si hace mucho calor mojarse la nuca con frecuencia; vigilar que el lugar de la práctica deportiva esté bien ventilado y en lo posible que sea fresco.
Si algún chico se desmaya se lo debe recostar con la cabeza de costado por si vomita y con los miembros inferiores sobre el nivel del cuerpo, mientras se llama al médico.
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