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El Tiempo y la salud


El secreto es controlar impulsos sin reprimir emociones. Lea, cuente hasta diez, respire profundo o cante antes de estallar.

“Definitivamente, con gente de mal genio no se puede tratar”. Esta frase, que hizo popular un programa de humor en televisión, está más vigente que nunca, pues hoy la gente está más irritable por el estrés, la falta de plata, los conflictos sociales y laborales, y otros factores. Y explota por nada. A muchos nadie se los aguanta.
La fama de bravos ya no es solo de los santandereanos y los tolimenses ni de los militares ni de los conductores ni de quienes atienden público ni de los ojiclaros. Ahora, cualquiera reacciona mal en el momento menos esperado.

“Estamos ante un problema que crece, afectando relaciones interpersonales, familiares y laborales, y que en ciertos casos amerita tratamiento farmacológico”, dice el psiquiatra Daniel Gutiérrez.

Aunque es normal que una persona se sienta a veces malgeniada o irritable, cuando la situación se repite a diario y es inmanejable, hay que tomar medidas.

“Esta conducta puede ser aprehendida a nivel familiar o cultural o heredada -dice Gutiérrez- . Es un mecanismo de defensa o de protección en personas inseguras o con baja autoestima. También puede originarse por los cambios hormonales propios de etapas como la adolescencia y la menopausia, que producen ciertos altibajos en los estados de ánimo.

“Biológicamente, el estrés laboral y las tensiones generan cambios en las aminas biógenas (neurotransmisores) que disminuyen la capacidad de tolerancia y el control de impulsos, y la persona se pone en estado de alerta y ataca por cualquier cosa”, explica Gutiérrez.

Inseguro y bravo
Las personas inseguras, con complejos de inferioridad o con delirios de persecución suelen ser malgeniadas e intolerantes. Si están en una fila y alguien intenta colarse arman un problema espantoso. Si al llegar a la ventanilla toca el cambio de cajero se ponen furiosas, piensan que eso fue intencional. Que se la montaron.

Suelen ser muy negativas. De fondo, en muchos casos hay carencias afectivas desde niños y en otros, una depresión enmascarada, que se puede acompañar de problemas de apetito, de sueño y disfunciones sexuales.
En los niños “el mal genio se manifiesta con las famosas pataletas, con conductas negativas como no querer comer, peleas con otros niños, mal rendimiento escolar y personalidad antisocial, que a veces oculta un trastorno negativista desafiante”, explica Álvaro Franco, psiquiatra infantil y de adolescentes.

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Tranquilo, pero…
No solo los explosivos, los que se encienden como un fosforito tienen problemas. Actualmente, en la consulta de los psiquiatras se han visto casos de personas que aparentemente son muy serenas.

“Se ven tranquilos y calmados, pueden esperar cinco minutos amablemente, pero en el minuto siete explotan con irritabilidad, irascibilidad y grosería -dice Gutiérrez-. Aunque tratan de adaptarse y de ser más sociables tienen una incapacidad grande para esperar”, agrega.

Camilo, por ejemplo, tiene 20 años. Se ve tranquilo en la sala de espera del consultorio. Pero, pasa el tiempo y como no lo atienden se enfurece, se levanta, camina, pelea… En concepto de su psiquiatra esto sucede porque él no se cree importante, tiene baja autoestima y es inseguro. Piensa que todo el mundo le está tomando del pelo.

“Generalmente la embarro y después pido excusas”, dice Camilo, quien reconoce que el mal genio es dañino y que solo empeora la salud física y mental.
En general, esta conducta, que no es una enfermedad sino un síntoma, tiene hoy mayores secuelas que hace una década. Algunas son funestas, pues hay personas que reaccionan en forma violenta y terminan agrediendo a otros, lesionándolos o matándolos. Luego se arrepienten y piden perdón, pero el daño está hecho.

Se habla también de consecuencias psicosomáticas y psicológicas, pues ‘al salirse de los chiros’, se producen sustancias nocivas que afectan al organismo. “En el campo psicosomático los problemas intestinales ocupan un puesto importante; en segundo lugar, los cardiovasculares de tipo hipertensión e infartos; problemas neurológicos como cefaleas, lumbalgias; inmunológicos como virosis, dermatitis, etc.”, dice Gutiérrez.

“En el campo emocional el mal genio evoluciona a depresión, a conflicto de relaciones interpersonales, problemas laborales, de convivencia, consumo de alcohol y otras sustancias para tratar de evitar el mal genio y la depresión que generan todas esas circunstancias”, agrega Gutiérrez.

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De ahí la importancia de tratar de controlar esas respuestas agresivas y de buscar ayuda a tiempo si la situación es inmanejable (ver recuadro). El secreto está en aprender a controlar los impulsos y no explotar de inmediato. Claro que tampoco se trata de aguantar y reprimir las emociones, sino de saberlas canalizar adecuadamente.

“La persona que reprime corre el riesgo del síndrome de la olla a presión y es que cuando se totea, se rebota y acaba con todo a su alrededor. Por eso se requiere de una buena higiene mental, cambio de actividades y otrosconsejos”. Uno, dos, tres, cuatro…

Cuente hasta diez. A unos les funciona. A otros, dar una vuelta y regresar, tararear una canción, evocar recuerdos gratos.
Participe en consejerías en relaciones humanas, trabajo en equipo o cursos.
Tenga actividades de recreación, cultura (teatro, cine, visitar museos), contacto con la naturaleza, lectura, cursos de yoga y haga ejercicio diariamente.
Escriba sus sentimientos y emociones, le ayudará a darse cuenta de lo que no funciona y de aquello que le trae mejores resultados.

Tenga una religión, un dogma.
Haga terapia de relajación matinal y nocturna. En la mañana para planear y replantear su jornada, y en la noche para evaluar lo que ha sucedido en el día.
No reprima sensaciones ni emociones durante días o semanas. Sáquelas hablando, manifestando su insatisfacción respetuosamente.
Colóquese en el lugar del otro. Sea comprensivo y tolerante.
Ríase de su mal carácter y no se deje sacar la piedra. Pero si siente necesidad de llorar, hágalo.

Descanse y duerma lo necesario para amanecer relajado y tranquilo.
Si el mal genio le ocasiona problemas familiares, líos en su trabajo o en su colegio o universidad, si lo vuelve más agresivo y se siente deprimido y triste, no dude en buscar ayuda.

Fecha de publicación 2008-05-05 20:43:00.

Actualizado el 11-11-2017 12:13:31
Por Neipol
Categoría: Salud, terapia, tratamiento

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