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La doble personalidad de Felipe II


Pocos personajes históricos han llamado tanto la atención de especialistas. Lo cierto es que, Felipe II tuvo una personalidad que se tradujo siempre en una continua indecisión. Una infancia marcada por la sombra del padre, una juventud que se debatía entre la obligada castidad de una profunda y rígida religiosidad y los naturales impulsos sexuales de la edad.

Esa idea de la infancia sometida al padre y nunca expresada por medio de la catarsis, no es la única que llamó la atención de estudiosos. Charcot le atribuye un desequilibrio nervioso causado por sus tempranas responsabilidades políticas, y sobre todo, por la necesidad de ocultar, como católico, los fuertes impulsos sexuales que tuvo el príncipe en su juventud. Incluso Marañon que trata con más benevolencia al personaje alude a su posible dualidad, a su difícil equilibrio emocional, a causa de su enorme poder sobre el mundo de entonces y la necesidad de mostrarse hijo humilde de Dios. Esta doble condición que los emperadores de la Edad Media podían sobrellevar sin problemas resultaba difícil para un príncipe del Renacimiento y de la Edad Moderna.

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El perfil humano del llamado rey prudente, fue el de un hombre mucho más jovial, activo, original y culto de lo que la historia al uso había hecho creer. Para empezar, casi nunca vestía negro. Si se examinan los diversos cuadros, Felipe II aparece vestido de rojo, de blanco, de dorado, de todos los colores. Solamente ya de muy mayor, se vistió alguna vez de negro y quizás fuera para dar ejemplo según las nuevas leyes de austeridad que aconsejaban el negro para rebajar la ostentación y el lujo excesivo de los nobles.

El espionaje tenía en el siglo XVI tres servicios especialmente destacados: los del Vaticano, los de Venecia y los de España. Estaban muy por encima de los de Francia e Inglaterra. Hay cartas de tela para que el mensajero, al ser cacheado, no fuera interceptado por llevar un papel escrito. En cuanto a los especialistas en lectura, sostienen que existía en el convento de San Felipe en la Puerta del Sol, un grupo de frailes especializados en descifrar los mensajes del enemigo. Se tenía calculado el tiempo casi con total exactitud, en que un mensaje lograba ser traducido.

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Por su parte, el rey fue un gran protector de las ciencias y el teatro. Tampoco fue el asesino de su hijo, como pretendía la leyenda romántica. A su pesar ordenó la reclusión en su dominio del infante don Carlos, loco y con tendencias criminales. Lo que se demuestra ahora es que hay un Felipe II distinto, más activo y efectivo, mucho menos feroz e implacable de lo que se suele asociar con la imagen austera y triste que se le ha venido dando. Esto no salva todos y cada uno de sus actos durante su largo reinado pero, al menos, puede empezarse un juicio histórico desde otros puntos de vista.

Fecha de publicación 2009-04-02 12:01:00.

Actualizado el 19-10-2017 01:55:40
Por Neipol
Categoría: personalidad
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