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La decepción del parto


Pero, aunque apenas se habla de ello, también son muchas las madres que no se sintieron embargadas por la emoción al conocer a su retoño.
Un hecho absolutamente normal, según los especialistas. ¿Por qué? El bebé que ha nacido no tiene nada que ver con el que se ha soñado. Es más: el de carne y hueso ni sonríe ni está fuerte. Es llorón, demandante, tiene arrugas y sus rasgos son más feos que armoniosos.

La realidad a menudo se convierte en una desilusión que propina un fuerte revés al amor propio materno. Muchas veces, al ver a esa criatura tan chica y endeble, la estima de la mujer (en términos psicológicos, el narcicismo) queda dañada, porque no ha podido tener ese hijo soñado.

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¿Qué sucede cuando el niño es prematuro o sufre una enfermedad? Los especialistas observan que, si el recién nacido es llevado a la incubadora, como suele ocurrir con los nacidos antes de tiempo, la madre tiene tanto miedo de perderlo que evita mantener un estrecho contacto con él. Lo cual debe ser interpretado no como una falta de amor hacia el recién nacido, sino como un mecanismo de defensa.

En caso de enfermedad incurable, como síndrome de Down, la sensación de fracaso que experimenta la madre es muy grande. Pero, una vez aceptado el problema, la
frustración da paso a un fuerte instinto de protección y a un deseo de lucha impresionante.

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Desde hace ya varios años, la tendencia de parteras, ginecólogos y neonatólogos es que tanto el padre como la madre tengan contacto lo más pronto posible con el recién nacido. Se sabe que en los primeros días de vida se establecen los cimientos de la futura relación de los padres y el hijo.

En el parto se instaura el vínculo afectivo, que fomentará una buena comunicación entre los miembros de la familia. Así es como va a desarrollarse el apego.

Fecha de publicación 2010-05-24 11:18:00.

Actualizado el 16-10-2017 12:25:27
Por Neipol
Categoría: bebé, parto, relación
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