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Música alta en los pre-adolescentes


Aún a cierta edad, hacen de su vida una coreo-grafía con su música favorita: la necesitan para levantarse de la cama por las mañanas y estudian al son de ritmos desquiciantes. Los ayuda, en forma inconsciente, a socializarse: sincronizándose con su tiempo, con su generación. Gracias a la música se agrupan con sus iguales y mediante rasgos como el mismo gusto al elegir ropa, peinarse, consumir determinadas marcas, se autoafirman diferenciándose de otros chicos de su edad y llamando la atención de los adultos.

Parte de su identidad
En algunos casos, puede hablarse de identificación con la letra de las canciones, aunque la mayor parte de la música que escuchen sea extranjera. Entiendan o no lo que dicen, su dependencia de la música es un hecho y gran parte de sus conversaciones gira en torno a ella.

Esa dependencia afecta al resto de la familia, ya que se extiende, por ejemplo, a los viajes en auto. Los chicos adoran la sensación de ir en un vehículo que se estremece con la percusión de su grupo favorito, mientras los padres, desesperados, soñamos con tapones para los oídos y asientos eyectables, como los de los aviones de combate, o llegamos a desear que roben los discos del auto para poner fin a esa esclavitud.

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Prefieren que aturda
Los ipod, mp3, celulares etc.. les permiten aislarse, pero no es lo mismo. Es preciso marcar las distancias con sus “viejos” y anunciarlo a todo volumen. Prefieren la música que sale de su habitación como una explosión, que se extiende por el pasillo en oleadas y hace retumbar todo el piso. Su justificación es simple: así suena mejor. Y no se conforman con hacerlo en casa.

Descubrieron que la música portátil, de la que no se separan ni en la pileta de natación, es una forma ingeniosa de aterrorizar a todos los adultos en general. Cuando la escuchamos, nos parece una estruendosa e ininteligible sucesión de ruidos que hace que recapacitemos sobre el abismo generacional. Y eso a pesar de que nosotros ya vivimos el fenómeno de la rebeldía musical en nuestra juventud y se supone que estamos más dispuestos a tolerar ritmos que nos desagradan, igual que nosotros tuvimos canciones que odiaban nuestros mayores.

No se puede hacer nada para que los hijos de los demás no nos contaminen acústicamente, pero sí ejercer cierto control sobre la conducta musical de los nuestros. Una conversación sobre los diferentes gustos de cada uno y el respeto que debe existir por las preferencias de los demás puede ser suficiente. Está claro que su música es muy importante para ellos, pero tenemos que hacerles comprender que a nosotros nos cuesta más apreciarla, probablemente igual que les ocurre a ellos
cuando les propone-mos a Eric Clapton. Por eso, es preciso llegar a un acuerdo sobre los lugares adecuados y el volumen óptimo para escuchar música en casa.

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Una buena solución es considerar las preferencias “extremistas” de padres e hijos como “música de culto” que sólo puede ser escuchada en privado. Es decir, si el heavy metal es superior a nuestras fuerzas, pidamos que no lo escuchen en mitad del living. A cambio, nosotros no oiremos ópera, boleros o algún género o cantante que ellos odien salvo con auriculares o en su ausencia. En los lugares comunes, como el auto o el living, cuando se reúnen varios miembros de la familia, se escucha algo neutro, que no disguste a nadie.

Siempre hay solución
Podemos dejar que sean ellos quienes propongan un plan para que escuchar música resulte aceptable para ellos y para los demás. Pero, si son incapaces de cumplir con su parte, deberán aceptar nuestras normas, que incluirán dejar de escucharla mientras estudian si, por ejemplo, ésta interfiere en sus calificaciones.

Fecha de publicación 2009-02-03 13:32:00.

   
Tags: ejemplos de musica preadolescente musica preadolescente
Actualizado el 11-10-2017 13:54:41
Por Neipol
Categoría: adolescencia, Música

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