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Alergia a los Medicamentos


En términos generales, la respuesta de nuestro organismo a la entrada de una sustancia química con fines terapéuticos obedece a una leyes que están sujetas a la acción farmacodinámica del medicamento empleado, cuyo grado de toxicidad o nocividad se ha estudiado previamente. Pero no cabe duda de que, en un determinado número de pacientes, esta acción farmacológica teóricamente previsible escapa de la órbita de los común y el individuo responde de forma imprevista a la administración oral o parenteral de un medicamento. Prescindiendo de teorías más o menos ingeniosas y veraces, es posible que los accidentes causados por los medicamentos puedan ser clasificados de la siguiente manera:
1-Alto grado de toxicidad del medicamento empleado y cuyos síntomas se presentan en la mayoría de los casos.
2-Ciertos pacientes, por razones diferentes y no bien determinadas, pero no relacionadas con la alergia, no toleran, como es corriente, las sustancias químicas. Para conseguir una acción farmacológica deseable, se hace preciso administrárselas a dosis mucho más pequeñas y desusadas. Hablamos entonces de intolerancia.
3-En algunas ocasiones, los efectos que se esperan son absolutamente contrapuestos a los que era lógico esperar. Se trata de una paradoja personal y es lo que ocurre, por ejemplo, cuando al dar un antihistamínico que corrientemente produce somnolencia, el individuo responde con una excitabilidad nerviosa general, desorbitada e imprevisible; podríamos hablar entonces de idiosincrasia, en el sentido plenamente etimológico de la palabra.
4-En otros casos, el sujeto puede presentar, de inmediato a la entrada del medicamento, cualquiera que sea la índole de éste y la modalidad de contacto, un tipo de reacción divorciada completamente dela naturaleza de la sustancia y de su acción farmacodinámica. Ello entronca con lo que los médicos están acostumbrados a ver cuando hablan de síndromes anafilácticos o alérgicos. La palabra alergia debe reservarse para este tipo de reacción que implica una sensibilización; no importa ahora, y aquí, si en los antecedentes se encuentran vestigios de alergia o no, y si creen saber o por el contrario ignorar, el mecanismo humoral o celular que la ha desencadenado.
5-Finalmente, existe otro grupo de pacientes que, frente a la entrada de una sustancia química del tipo medicamento, desencadenan shocks con fallo circulatorio inmediato que se deben muy posiblemente a la liberación de una sustancia llamada histamina, cuya afección farmacológica es la responsable de los graves trastornos. Las relaciones que puedan existir entre la causa, la etiología alérgica y el mecanismo patogénico desencadenante, la histamina, no pueden ser descritas aquí.

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Hasta otro tipo de respuestas anómalas a los medicamentos, tales como las que se presentan precisamente al interrumpirlos; aún en el caso de que, hasta aquel momento, fueran bien soportados; ello constituye una rareza de respuesta que, por lo insólita, sólo la mencionamos.

Los cuadros clínicos a que la alergia medicamentosa puede dar lugar son sumamente variados, como por ejemplo: shock del tipo anafiláctico, que es el más grave de estos accidentes; síndrome semejante a la enfermedad del suero; fiebre medicamentosa, posiblemente muchas veces debida a los propios antibióticos y cuya sospecha de aparición plantea al médico un interrogante terapéutico bastante difícil de resolver; alteraciones hemáticas celulares; crisis asmáticas, rinitis y conjuntivitis alérgica; manifestaciones cutáneas, del tipo de eritema, urticaria, edema, eczema; y alteraciones hepáticas, renales y gastrointestinales.

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Fecha de publicación 2007-12-17 19:50:00.

Actualizado el 16-10-2017 10:30:40
Por Neipol

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