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La peligrosa vida de los espías


El escritor inglés Graham Greene describió como nadie en su novela El factor humano lo difícil que es vivir en la piel de un agente doble, la delgada línea que separa la lealtad de la traición. Jugar a dos bandas exige un autocontrol que sólo soportan los espíritus más templados, por eso los buenos agentes dobles son tan apreciados por los servicios de inteligencia. Algunos de ellos han pasado tanta información como un ejército completo de analistas.
El español Juan Pujol García fue uno de los más decisivos, pues ayudó no poco a decantar la II Guerra Mundial a favor de los aliados. Nacido en Barcelona en 1912, era hijo de un industrial catalán que luchó a favor de Franco en la Guerra Civil.
El mismo empezó colaborando con los nacionales, pero se marchó del país al comprobar la represión de la dictadura franquista tras la guerra.Instalado en Londres, Pujol, conocido como Garbo por sus dotes interpretativas, engañó a los nazis trabajando como agente doble para la inteligencia británica y convenciéndoles de que el desembarco de Normandía sólo era una maniobra de distracción previa al verdadero objetivo.
Los alemanes mordieron el anzuelo y llegaron a condecorarle. Pujol murió olvidado en Venezuela en 1988.
Más sonado fue el caso del matrimonio formado por los judíos estadounidenses Julius y Ethel Rosenberg, “los espías del átomo”.
Un tribunal les acusó en 1951. en plena era macartista de la caza de brujas, de vender a la URSS los secretos de la bomba atómica. Murieron en la silla eléctrica en 1953.

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Fecha de publicación 2015-09-12 19:33:44.

Actualizado el 12-08-2017 17:39:00
Por Neipol
Categoría: inteligencia

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