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Cambios hormonales producen antojos en el embarazo



No son una simple leyenda de los embarazos; los antojos son reales y se producen con mucha frecuencia. Es muy común que, al quedar embarazada, la mujer empiece a sentir asco por una comida muy determinada, que incluso antes de esperar un hijo le gustaba. Con solo verla puede llegar a provocarle un cierto malestar, náuseas y, a veces, incluso vómitos. También puede ocurrir al revés, que, de repente, le encante un plato que antes era incapaz de comer. O simplemente que desee ardientemente tomar algún alimento muy determinado.

Base científica.
Este comportamiento no tiene nada de extraño ni se debe, como muchos piensan, a que la mujer busque ser mimada. El doctor José B. Arenas explica que. aunque en medicina nada se conoce especificamente con el nombre de antojo, es un término muy aceptado y que tiene una base científica real.

Efectivamente, la palabra antojo no figura en ningún tratado médico, pero sí existen otras que definen estos ascos o apetencias según el alimento o producto del que se trate. Así, si una mujer embarazada siente grandes deseos por beber agua se llama hidromanía. Si, por el contrario, desde el momento en que se queda embarazada siente verdadero asco por este elemento, esta mujer tendrá hidrofobia. Según explica el doctor Arenas, este comportamiento se debe a los numerosos cambios que sufre el organismo de la mujer cuando queda embarazada.

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Estas alteraciones afectan sobre todo al sistema hormonal. El incremento de algunas hormonas en concreto, como la progesterona, la gonadotrofina coriónica y el lactrógeno placentario, es el responsable de los antojos.

El aumento de estas sustancias estimula el centro del gusto, modificándolo. Pueden influir también en el sentido del olfato, por lo que tampoco es extraño que haya mujeres embarazadas que, de pronto, son incapaces de utilizar su perfume habitual.
Estos comportamientos son especialmente frecuentes al principio del embarazo. Hay que tener en cuenta que estos cambios hormonales suceden en un espacio muy corto de tiempo, por lo que el cuerpo de la mujer en un principio no se adapta y protesta. A medida que el embarazo va avanzando, el organismo femenino se va acostumbrando a estas modificaciones, y, al igual que los mareos o las náuseas, los antojos van cediendo. Tras el parto, todo vuelve a su normalidad y esos ascos o apetencias desaparecen por completo.

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Carencia de alimentos.
También suele ocurrir que en una momento determinado la mujer embarazada tenga muchas ganas de ingerir algún alimento concreto, generalmente productos muy marcadamente dulces o salados. El doctor Angel Herraiz Fernández señala que no se trata de un capricho, sino de una auténtica necesidad. Cuando una embarazada se le antoja algo dulce, será casi seguro por culpa de su glucemia, es decir, el nivel de azúcar en la sangre, muy bajo. Este fenómeno se conoce como hambre referida. Además, la predilección en un momento determinado de alimentos fuertes, como picantes, se puede deber a la falta de jugos gástricos.

Manchas y lunares.
Los hemanginomas, las manchas o lunares que los bebés presentan al nacer, nada tienen que ver con los caprichos no satisfechos. Esta creencia popular carece de fundamento científico. Se trata de malformaciones de los vasos sanguíneos que aparecen como manchas de color rojo azulado o bien de una acumulación localizada de melanina.

Fecha de publicación 2010-02-18 18:14:00.

   
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Actualizado el 08-07-2017 03:56:58
Por Neipol
Categoría: Embarazo, hormonas

1 Comentario

  • "El deseo repentino de la mujer de comer algo especial y precisamente cuando menos se espera, es una consecuencia de los cambios metabólicos y hormonales que ella experimenta durante el embarazo. "

     · 12 Octubre, 2013 2:05 pm

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