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Clonación de humanos


El Dr. Hwang y el clon que nunca existió” podría ser el título de una obra de ficción, pero es la historia real de un nuevo capítulo del fraude científico.

Como es sabido, el mundo de la ciencia se vio sacudido por el escándalo: Hwang Woo Suk, un científico surcoreano y un equipo de 25 investigadores firmantes habían anunciado durante 2004 y 2005 en sendos artículos publicados en la revista Science haber clonado por primera vez células humanas. Tras un concluyente informe del investigation Commltee of the Seoul National Universlty, el 12 de enero de 2006. Donald Kennedy, director de Science, insertaba en la edición electrónica de la revista una inhabitual retractación en la que se afirmaba que en los dos artículos científicos se habían -fabricado” resultados no reales y que por lo tanto se había producido un fraude. ¡El primer clon humano nunca existió!

Ahora, varios meses después de que la propia ciencia hiciera autocrítica sobre el caso. España se ha dotado de una Ley de Investigación en Biomedici-na. asi que podemos decir que la norma se adelanta al progreso de la ciencia, lo que no suele ser habitual. Es una de las secuelas positivas del caso Hwang.

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Pero, igual que lo sucedido ha puesto en duda el proceso de la publicación científica, también ha provocado que se cuestione el proceso de transmisión de la noticia por los medios de comunicación. El caso del Dr. Hwang constituye una prueba de que el periodismo científico se basa en un seguidismo excesivamente acrítico de todo lo que se publica en las “prestigiosas” revistas científicas.

Las fuentes más utilizadas por los periodistas para obtener información sobre ciencia son esencialmente las revistas científicas tipo Science o Nature. Pero tal como recogía a raíz del caso The New York Times hace unos meses en un artículo “ahora, las redacciones empiezan a observar la información que procede de las revistas científicas con algo más de escepticismo”.

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Roy Peter Clark, profesor del Poynter Institute de Florida, considera que informar sobre descubrimientos científicos implica una mayor dificultad, ya que requiere a menudo unos conocimientos previos del periodista, seguimiento con entrevistas con expertos y cierta indicación de cómo dar sentido a materias muy técnicas.

“Parece claro -concluye Clark- que este escándalo generará la necesidad de aumentar el nivel de capacidad crítica de los periodistas y seguramente también nuevos protocolos de comunicación entre los científicos y los divulgadores”.

Si es asi. tanto el impulso de una ley para investigar en biomedicina como la exigencia de un mayor nivel del periodismo científico habrán sido corolarios positivos de un memorable fraude en la historia de las ciencias.

Fecha de publicación 2008-07-15 22:57:00.

Actualizado el 05-10-2017 13:19:53
Por Neipol
Categoría: ciencia, investigación

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