Inicio

Test de Inteligencia – IQ ¿Funcionan?


Hace unos años, este libro me voló la cabeza, estos dos patriarcas del pensamiento contemporáneo me daban una visión esclarecedora entre tanta bruma. Llevan adelante una empresa ardua, terrible, en algún punto siendo marxistas tienen algunos puntos de contacto con el primer Descartes, eso de empezar a construir un sistema de pensamiento total, que ponga en duda todo aquello que no tiene una definición exacta, precisa, que provenga de la razón. Este texto tiene un rango abarcativo extensísimo, la construcción social del conocimiento, la comunidad científica y el poder, etc. Como anécdota recuerdo que no fueron pocas aquellas ocasiones en que amigos, conocidos, me pasaban links con diversos “test de inteligencia”, muchos de ellos fascinados con sus resultados, otros ante el resultado no esperado y su narciso herido, intentaron refutar el alcance practico de los mismos.

Voy a subir algunos párrafos que me interesan, que quiero compartir con esta comunidad. El intento quijotesco por parte de estos dos titanes, merece ser leído, el intento único de derribar ese edificio falaz que se construye con palabras. El orden del discurso…. y que debe ser destruido por medio de las mismas, lamento que esta ultima sentencia tenga un ribete tan freudiano, pero es viernes llueve y la humedad tiene ciertos efectos…. (léanse el poema de Pessoa “llueve en silencio”)

No nos olvidemos, que si el piso es duro y el cielo es celeste, es porque alguien lo dijo. Tratemos de juntarnos para denunciar las mentiras evidentes.

Los tests de Inteligencia

Por Alan Woods y Ted Grant
Un término frecuentemente mal utilizado por los deterministas genéticos es la herencia, especialmente en el campo de los tests de IQ (cociente intelectual). Los psicólogos Hans Eysenck en Gran Bretaña, y Richard Herrnstein y Arthur Jensen en los Estados Unidos, han defendido la idea de que la inteligencia es en gran parte hereditaria. También plantean que la media de IQ de los negros es genéticamente inferior a la de los blancos y que los irlandeses están determinados por genes de “bajo IQ”. De hecho se ha demostrado que los tests de IQ son imperfectos en sí mismos. No existe una unidad de medida para la “inteligencia”, como la que puede haber para el peso o la altura. El IQ es un concepto imaginario basado en suposiciones arbitrarias.

Los tests de Inteligencia surgieron a principios de siglo cuando Alfred Binet estableció un test sencillo para ayudar a identificar niños con dificultades de aprendizaje. Para Binet era un medio de identificación de dificultades que luego se podrían solucionar con “ortopedia mental”. Ciertamente no pensaba que esta fuese una medida de inteligencia “fija”, y a los que planteaban este tipo de ideas la respuesta de Binet era contundente: “Tenemos que protestar y reaccionar contra este pesimismo brutal”.

La base del test de Binet era bastante simple: los niños mayores deberían ser capaces de llevar a cabo tareas mentales que los niños más pequeños no pueden. Con esa base elaboró toda una serie de tests adecuados a cada grupo de edades; de tal manera que se podía juzgar a los niños que se consideraba eran más listos o menos capaces. Como consecuencia se deberían tomar medidas para remediar los campos en los que se encontrasen dificultades. Sin embargo este sistema, en otras manos, se utilizó para sacar conclusiones totalmente diferentes. Con la muerte de Binet los defensores de la eugenesia vieron su oportunidad de oro para reforzar su mensaje determinista. La inteligencia era considerada como una cosa innata y fijada a través de la herencia y que se correspondía con la clase social y el origen social. Cuando Lewis Terman introdujo los tests Stanford-Binet en los Estados Unidos dejó claro que la baja inteligencia “es muy común entre familias hispano-indias y mexicanas del suroeste y también entre los negros. Su torpeza parece ser racial o por lo menos inherente en la raíz de las familias de las que provienen. Los niños de este grupo deberían ser segregados en clases especiales. No son capaces de dominar las abstracciones, pero a menudo pueden convertirse en trabajadores eficaces. No hay posibilidad por ahora de convencer a la sociedad que no se les debería permitir reproducirse, aunque desde un punto de vista eugenésico constituyen un problema grave debido a su nivel de reproducción inusualmente prolífico”.

LEER  Síntomas de la ira

Este era el tono general de la comunidad educativa de los Estados Unidos en relación a los tests. Se introdujo un nuevo paso para extender su alcance científico: se establecieron estándares para los adultos, y una ratio entre la edad y la edad mental, el “cociente intelectual” o IQ. En Gran Bretaña, fue el psicólogo inglés Sir Cyril Lodovic Burt el que tradujo y defendió, incluso de manera más obsesiva que sus colegas americanos, los tests de Binet. Burt defendía que los hombres eran más inteligentes que las mujeres sobre la base de supuestos estudios. El mismo caballero planteó que tenía pruebas científicas irrefutables de que los cristianos eran más inteligentes que los judíos, los ingleses más que los irlandeses, los ingleses de clase alta más que los de clase baja, etc. ¿Qué casualidad que fuese un hombre inglés cristiano de clase alta! Con estos medios los opresores justifican la opresión, los ricos y poderosos justifican sus privilegios, sobre la base de que sus víctimas son “inferiores”. Durante 65 años, hasta su muerte en 1971, Burt continuó su trabajo sobre la eugenesia y los tests de IQ y fue debidamente recompensado con el título de Sir por sus servicios a la humanidad. Ayudó a establecer una selectividad en el sistema educativo a los once años, que dividía los niños en “inteligentes” que iban grammar school, y “tontos” que iban escuelas “secundarias modernas”. Burt explicó: “La capacidad obviamente debe limitar el contenido. Es imposible que una jarra de una pinta contenga más de una pinta de leche; y es igualmente imposible que los logros educativos de un niño se eleven más allá de lo que su capacidad educativa permite”.

De esta manera se llevó los tests de Binet más allá de su función de reconocer para reforzar el carácter clasista de la sociedad. Estaban aquellos que habían nacido para picar carbón y los que iban a dirigir la sociedad. Los tests no se utilizaban para solucionar los problemas sino para segregar. Independientemente de las modificaciones que se hayan hecho en los tests de inteligencia, todos tienen la misma raíz: una “inteligencia” preconcebida que es el modelo en base al que se juzga a todo el mundo. Sin embargo estos tests están enormemente influenciados por estereotipos culturales y sociales que determinan los resultados. También están vinculados al funcionamiento de las escuelas y reflejan esos resultados. Sin embargo la idea de que es posible identificar o medir la “inteligencia” de esta manera tan cruda es fundamentalmente falsa. Después de todo, ¿qué es la inteligencia? ¿Cómo se puede cuantificar? No es como el peso o la altura. La inteligencia no es una cosa fija, como planteó Burt, sino elástica. El potencial del cerebro humano no tiene límites. La tarea de la sociedad es que el ser humano pueda realizar este potencial. Los factores del entorno pueden restringir o realzar este potencial. Un niño que crezca en un entorno social desfavorable estará en desventaja en relación a uno que tenga todas las necesidades satisfechas. El origen social es extremadamente importante. Si cambias el entorno, cambias el niño. A pesar de las afirmaciones de los deterministas biológicos, la inteligencia no está predeterminada genéticamente.

LEER  Dormir es Bueno para la Memoria

La obsesión por determinar estadísticamente la inteligencia, a través de un gráfico en forma de campana, es un intento de reforzar el conformismo social. Los que están fuera de la norma son “anormales” y necesitan tratamiento. O bien es genético y determina nuestra clase social, raza y vida. Pero en realidad, mientras que nuestro genotipo es fijo, nuestro fenotipo cambia constantemente. La pérdida de un brazo o una pierna es irreversible pero no hereditaria. La enfermedad de Wilson es hereditaria pero con tratamiento no es irreversible. “Tampoco, por supuesto”, dicen Rose, Kamin, y Lewotin, “el fenotipo se desarrolla linealmente del genotipo desde el nacimiento a la madurez. La ‘inteligencia’ de un niño no es solamente un cierto porcentaje pequeño de la del adulto en que se convertirá, como si la ‘jarra de una pinta’ se fuese llenando constantemente”.

Los frenéticos intentos de Burt para demostrar la base genética del IQ le llevó a falsificar sistemáticamente sus datos y registros. Su famoso estudio sobre el cociente intelectual de gemelos idénticos separados le llevó a la increíble afirmación de que los entornos separados de los gemelos no tenían ninguna influencia. Para Él todo estaba determinado por los genes de los gemelos. Era el ídolo de los deterministas genéticos, y sus estudios les dieron los argumentos necesarios para reforzar su posición. En 1978, D. D. Dorfman, un psicólogo americano, demostró claramente que este gentleman inglés simplemente había falsificado sus resultados. Después de que se demostrase que era un fraude, sus seguidores se vieron obligados a cambiar de discurso, simplemente criticando a Burt por su falta de precisión científica. Los estudios de Burt fueron el Hombre de Piltdown (supuesto ‘eslabón perdido’ entre el hombre y el simio que resultó ser un fraude de un arqueólogo inglés) del IQ. Sin embargo, en su día ¾ a pesar de quince años de inconsistencias¾ sus investigaciones fueron aplaudidas por la comunidad científica como prueba de que el IQ era hereditario. Pero a pesar de la caída en desgracia de Burt, el establishment siguió agarrándose a su filosofía reaccionaria como sostén de su punto de vista de clase.

Los estudios más recientes en relación a gemelos idénticos separados en Gran Bretaña, Estados Unidos y Dinamarca, no demuestran en absoluto que el cociente intelectual sea hereditario. Estos estudios han sido respondidos convincentemente por Rose, Kamin y Lewotin. ¿Su conclusión? “No sabemos qué es realmente la heredabilidad del IQ. Todos los datos simplemente no nos permiten calcular una estimación razonable de la variación genética del IQ en cualquier población. Por todo lo que sabemos, la heredabilidad podría ser cero o 50%. De hecho, a pesar de que se han dedicado enormes esfuerzos de investigación a estudiar esta cuestión, la heredabilidad del IQ es irrelevante por lo que se refiere a este asunto. La enorme importancia que dan los deterministas a la demostración de la heredabilidad es una consecuencia de su creencia errónea que la heredabilidad significa inmutabilidad”.

“Ni para el IQ ni para ningún otro rasgo se puede decir que los genes determinan el organismo”, continúan. “No existe una correspondencia uno-a-uno entre los genes heredados de tus padres y tu altura, peso, tasa de metabolismo, enfermedad, salud, o cualquier otra característica no trivial del organismo, cada organismo es un producto único de la interacción entre genes y entorno en cada etapa de la vida”.

Fecha de publicación 2008-03-22 14:36:00.

Actualizado el 21-10-2017 05:08:58
Por Neipol
Categoría: cerebro
Etiquetas:

Deja un comentario