Las causas del aborto criminal pueden ser varias: alteraciones del huevo en el momento de su formación; grandes desgarros del cuello de la matriz; posiciones defectuosas del útero; inflamaciones o infecciones del mismo; causas generales, como infecciones agudas con fiebre (gripe, difteria, fiebre de Malta, tifoidea, etc.) o intoxicaciones (alcohol, grandes fumadoras, tóxicos profesionales, etc.); defectos nutritivos y endocrinos; y finalmente, accidentes o traumatismos violentos.
En la amenaza de aborto, el primer síntoma es generalmente el dolor, localizado en la región lumbar o en el bajo vientre. Simultáneamente con él, o unos días después, aparecen pequeñas pérdidas (señales). Esta sintomatología puede ceder y seguir el embarazo, o bien éste puede interrumpirse aumentando entonces el dolor y la hemorragia, y produciéndose lo que podríamos llamar un parto en miniatura, expulsándose un embrión generalmente muerto. La mujer embarazada debe pensar en la posible amenaza de aborto, ante toda señal de sangre aparecida durante los tres primeros meses de embarazo, siendo en este caso inexcusable el reposo absoluto en cama. El resto del tratamiento debe ser instituido por el tocólogo. Una vez el aborto se ha producido, requiere un reposo de una semana, si no han existido complicaciones.
Las dos principales complicaciones del aborto son la hemorragia copiosa y la infección. Ambas tienen en la actualidad muy buen tratamiento. También en ciertos casos, el aborto es incompleto, no expulsándose todo el huevo, sino que en el interior del útero pueden quedar restos de placenta que obligarán al tocólogo a efectuar un legrado (raspado) para limpiar esta cavidad uterina sucia. Es obligatorio visitarse un mes después del aborto.


