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Qué son los bebés de probeta?


El 25 de julio de 1978 nació la famosa Louise Brown, denominada metafóricamente la primera “niña probeta” de la historia de la humanidad.

bebes-de-probetaHoy se calcula que ya hay más de tres millones de niños y niñas en el mundo nacidos gracias técnicas de reproducción asistida, según se anunció en la conferencia anual de la Sociedad Europea de Reproducción y de Embriología Humanas celebrada en Praga.

Desde las primeras prácticas de fecundación in vitro de 1978, el desarrollo científico ha permitido un formidable adelanto y mejora en la forma en que pueden ser concebidas las personas.

Estas técnicas que, como es bien sabido, son complicadas y de una eficacia relativa según los casos, han permitido que muchas familias que no podían tener descendencia hayan podido ver cumplidos sus anhelos de ser padres y madres.

Tras la puesta a punto del sistema pionero de fecundación artificial de un ovocito por un espermatozoide para tratar la esterilidad femenina, en los años noventa se dio un nuevo e importante paso con la microinyección de espermatozoides en los ovocitos, que abría la posibilidad de paliar la esterilidad masculina.

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Todos estos desarrollos han permitido también conocer mucho mejor las causas de la infertilidad, un problema que actualmente concierne, según los últimos estudios, a una de cada seis parejas.

Hoy se sabe que, bien conocidas razones de índole fisiológica, hay que considerar también factores ligados conductas humanas, como pueden ser el tabaquismo, el sobrepeso y el estrés, entre otros.

Estos tres millones de seres humanos que le deben literalmente la existencia a la investigación científica y a sus aplicaciones tecnológicas nos permiten reflexionar sobre las actitudes con las que la sociedad contempla y asimila el avance del conocimiento científico.

Basta ir hemerotecas y ver qué se decía y cómo se valoraba en algunos casos en 1978 el nacimiento de Louise Brown o lo que se decía algunos años antes cuando en 1967 Christiaan Barnard logró el primer trasplante de corazón.

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Por ello es bueno que relativicemos nuestra inevitable tendencia a aludir al mito de Frankenstein, incluso hoy que se abren nuevas vías de intervención sobre nuestra propia evolución biológica.

No hay duda de que nos hemos de dotar de los indispensables filtros éticos y de una sólida capacidad critica ante las posibilidades que nosotros mismos nos estamos dando, pero pensemos siempre en esos tres millones de personas que no existirían si no hubiéramos dado el paso de aceptar, con condiciones, lo que el saber científico nos ofrece.

Si no que les pregunten a los padres y madres de esos tres millones de seres humanos que saben lo que es la vida. ¡O más fácil todavía: a ellos mismos!

Fecha de publicación 2014-11-24 15:07:34.

Actualizado el 19-10-2017 15:00:44
Por Neipol
Categoría: bebés, técnicas

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