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Investigando las ballenas


Estar por primera vez entre ballenas es una experiencia memorable. Y aún más cuando se trata de la franca -Eubalaena australis-, la más escasa entre todos los grandes cetáceos.

En el Atlántico Norte hay unos 350 individuos, y en el Atlántico Sur, cerca de 12.000, de los cuales una tercera parte habita en la Península Vaidés, Argentina.
Sus tranquilas ensenadas son el lugar idóneo para ver docenas de madres con sus crías acercarse a los botes de turistas, y permanecer allí sin moverse.
“Su población crece aquí al 7% anual”, afirma Mariano Sironi, biólogo del Instituto de Conservación de Ballenas (ICB), mientras una gran cola golpea el agua repetidas veces a pocos metros de nuestra diminuta zodiac.

El instituto trabaja en colaboración con Roger Payne, uno de los más respetados estudiosos de las ballenas.
“Desde 1970 identificamos fotográficamente por aire y mar unos 2.000 animales y hacemos su seguimiento. Nuestro catálogo es el más extenso y el estudio es el de mayor continuidad en el mundo. Cada cetáceo cuenta”, explica Sironi.

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Entre los trabajos del ICB, los investigadores evalúan el estado de salud de las francas a través de la altura del rollo de grasa sobre su cuello. También estiman la edad de los juveniles a través de fotogrametria. Su estudio es el más detallado que existe sobre el comportamiento de los juveniles y sus interacciones sociales.

De repente, un ballenato albino se acerca al bote por estribor. Su madre censura su osadía apartándolo de nosotros con la poderosa cola. Pero el pequeño hace caso omiso y resuelve sumergirse para salir por babor. Su hocico es casi rosado, su piel es suave y su rostro está cubierto por las callosidades características de las francas, que también sirven para identificarlo, según descubrió Payne. Al aspirar, el retozón ballenato produce un ruido similar al de un gran órgano.

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“Ahora, gracias al Programa Ballena Franca Austral, dirigido por Victoria Rowntree, hemos acumulado información vital para la ciencia y también hemos llegado hasta mucha gente a través de nuestro programa de adopción de esta especie. Además estamos analizando el impacto del buceo sobre el comportamiento de estos cetáceos, que es un nuevo problema en potencia”, dice Sironi.

De pronto la bahía rebosaba de ballenas saltando, aplaudiendo el agua y entregándose a sus juegos: su deporte preferido es el surf, exponiendo la cola al viento, a manera de vela.
Cuando oscureció nos acompañaron con el sonido tridimensional de sus respiraciones, aumentadas por el eco y la calma de una noche sin viento.

Fecha de publicación 2008-08-03 21:54:00.

Actualizado el 23-10-2017 07:54:52
Por Neipol
Categoría: animales, investigación

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