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El lado malo del animal en el amor


Ningún ser humano no iluminado ha dejado de experimentar que junto con la ternura divina llegan también los impulsos de posesividad infernal. Sobre un oso pardo del Parque Nacional de Yellowstone, el naturalista Thomas McNamee escribió: Se tendía en el nido de hojas y ramas que era su cama diurna, pasando una garra protectora y posesiva por el hombro de ella. Cuando otros osos pardos se acercaban… un solo gruñido solía bastar para que el competidor se alejara.

Los celos también ciegan y ensordecen a los animales. Por ejemplo, el tigre macho nunca le quita la vista a su hembra: “incluso el más ligero movimiento de su cola capta su atención”. Fisher dice: La tendencia humana a perseguir, e incluso asesinar, a un amante descarriado procede probablemente de esta tendencia animal a vigilar a la pareja.

Konrad Lorenz, el fundador de la etología, es quien mejor ha estudiado el instinto de agresión. Pero el de la agresión integrada al afecto –típica de los amantes humanos descarriados– la encontró Drösher en los tigres: La luna de miel de los grandes felinos depredadores empieza con las hembras comportándose como niños. De este modo atrae al tigre. Al principio, este está a la expectativa y observa sus movimientos a una distancia segura. Luego ella lo ronda varias veces, expande sus flancos a su vista, lo engatusa con sus juegos, le muestra todos sus encantos femeninos, le ronronea y, al final, acaricia la cara del novio con los pelos de su bigote. Si el tigre macho cree que ha llegado ya al objeto de sus anhelos, se equivoca. Cuando intenta expresarse también con ternura, la hembra cambia repentinamente de humor y deja de ser una gatita amorosa para transformarse en una bestia que resopla, enseña los dientes y sac garras.

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Pero si la conquista es persistente, el apareamiento se torna casi homicida: el macho coge con los dientes la nuca de la hembra y en la frontera de un mordisco mortal la estimula salvajemente. Drösher concluyó: Es la mezcla curiosa de instintos contrapuestos. Cuando una persona enamorada dice a su pareja: “Te comería a besos”, expresa la situación sentimental con mucha justeza.

Pero la historia pasional de los tigres continúa, con reminiscencias a los amantes dementes y tanáticos. Después de la entrega, a la hembra le entran los demonios: se sacude del novio y lo ataca con intenciones auténticamente asesinas… el macho es incapaz de rechazarla por motivos puramente psíquicos, aunque la hembra esté a punto de matarlo. El tigre, si no ha podido antes emprender la fuga, se somete indefenso a este sino cruel… luego, la animal actúa con una ‘frescura’ que parece increíble: al cabo de poco rato, lo atrae de nuevo con tiernos maullidos…

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Aquí cabe una reflexión más: los tigres son animales solitarios. El ritual de amor es casi el mismo para el león, por ejemplo, pero este tiene un espíritu gregario y, parece que por esto, jamás correría el peligro del ensimismado tigre de morir tras una satisfecha, sola y autodestructiva hembra. La manada los hace brutalmente solidarios. El naturalista George Schaller describe a la leona incitada: Parece ser que un macho en período de cortejo se encontró a una gacela junto a una charca. Así que interrumpió el cortejo para conseguir el trofeo. Luego llevó el delicioso regalo a la hembra y se sentó cerca de ella a contemplar cómo ella se lo comía todo. Un detalle conmovedor y sorprendente si tenemos en cuenta que estaba hambriento.

Quizá el mayor argumento contra los hippies y su amor libérrimo hubiera podido venir del profesor Otto Koening, director del Instituto Biológico del Wilhelminenberg, en Viena, quien se había propuesto crear un paraíso sobre la tierra, para una colonia de treinta garcillas bueyeras, con provisiones inagotables de comida. El resultado fue un infierno para estas aves que normalmente viven en severa monogamia… una ilimitada vida sexual no creó en absoluto un mundo de bondadoso amor al prójimo, sino violación, un miedo constante y sangrientas peleas.

Fecha de publicación 2008-05-10 15:19:00.

Actualizado el 27-10-2017 06:44:59
Por Neipol
Categoría: amor, animales, sexo

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