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El origen del aceite de oliva


Según la mayor parte de los historiadores, el olivo (árbol cuyo fruto es la aceituna de la que se extrae el aceite) proviene de la Antigua Mesopotamia, desde donde se extendió hacia el resto de los países del Mediterráneo. Los griegos, los fenicios, los romanos, judíos, cartaginenses, árabes y demás pueblos; fueron quienes se encargaron de difundir el cultivo y aplicaciones del olivo, fundamentalmente para el comercio y la economía de los países productores.

Por ello, hace más de 5000 años ya se empleaba como aceite perfumado para los baños, como cosmético que sirviera al embellecimiento de la piel, como ingrediente para fabricar los perfumes, y por supuesto, como condimento esencial en los más exquisitos manjares. No olvidemos tampoco que los romanos, siendo amantes de la oliva, también usaban este ungüento para abrillantar el cabello y para hidratar la piel.

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Los descubrimientos científicos que lo han convertido en la dietética de vanguardia, habrían sido considerados auténticas herejías hace tan sólo unas décadas, cuando se le atribuía una supuesta capacidad para incrementar el colesterol dañino en las personas.

En torno al “Mare Nostrum” confluyen tres continentes y un sinfín de culturas. Allí nacieron religiones, filosofías, teorías políticas y por supuesto; una tradición culinaria muy apreciada en nuestros días. La dieta mediterránea ha configurado a lo largo de los siglos un área geográfica muy determinada, donde los diferentes pueblos han combinado, minuciosamente, verduras, legumbres, frutas, cereales, carnes (de ave principalmente) y pescados.

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En resumen, el aceite de oliva fue un ingrediente importante en la alimentación de las grandes civilizaciones de la antigüedad, debido a su valor nutritivo y equilibrada composición.

Fecha de publicación 2008-06-05 20:35:00.

Actualizado el 18-10-2017 00:05:58
Por Neipol
Categoría: Alimentación, frutas

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